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20 enero, 2016

Pequeñas dosis de amor

Tocaba madrugar, el día pintaba mal. ¿Por qué me despiertan a estas horas y me visten para salir a la calle?Puse mis sentidos en marcha y empecé a absorber toda la información, mamá y papá estaban muy cariñosos conmigo, pero eso no es novedad, soy tan mona…

El olor no era distinto al de cualquier otra mañana, el pañal no engaña.

Lo que si me llamo la atención fueron las nuevas palabras que escuchaba, vacuna, dolor, ¿Que querrán decir? ¿Sera un juguete nuevo?

Me eche mi tradicional siesta en el coche y cuando paramos, levante la vista y vi un edificio grande, me sonaba de algo, un recuerdo lejano. Aquí ya había estado.

¡No me toques con esas manos! ¡Por Dios, que frías!

Ojala ese hubiera sido el peor de los recuerdos de esa mañana, pero no. Mamá comenzó a cambiar su cara, a abrazarme con fuerza contra su pecho, incluso comenzó a darme un aperitivo matutino.

– Esto huele mal, y no soy yo.

La cara desencajada, las lágrimas al borde del abismo, un dolor penetrante que recorría todo el cuerpo.

Fue tanta la impresión que me lleve de ver así a mi madre que tuve que empezar a llorar desconsolada para ver si reaccionaba. Me habían dado tres pinchacitos a mí y era mi madre la que sufría como si la hubiera arrancado un brazo.

Eso sí, no pude evitar dejar mi tarjeta de visita, un pequeño regalo al señor de la bata. Ahí te lo dejo
Aprovecho la ocasión para felicitar desde aquí a Papa 2.0`s por el lanzamiento de su libro con sus magníficas viñetas

https://es-es.facebook.com/papa2.0s

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